| Hijo, como él, de un titán, si engañó a Zeus fue por amor del género humano. Prometeo creó a los hombres, pero no los abandonó a su suerte, como tantos de sus colegas; antes bien fue el primero de los filántropos: les legó la astronomía, las matemáticas, la arquitectura, la medicina, la metalurgia y la navegación, artes todas que Atenea le había enseñado. Cuando el padre de los dioses, irritado por una astucia suya, castigó a los mortales privándolos del fuego, Prometeo entró secretamente en el Olimpo ayudado por Atenea, le arrebató una llama al mismo sol y la bajó a la tierra. Como venganza, Zeus le envió a Pandora, con su caja depositaria de todos los males, pero el titán supo zafarse de ella y Zeus castigó su clarividencia de la manera más cruel: encadenándolo a una roca y ordenando a un águila que le devorase el hígado un día tras otro, en un suplicio infinito, pues por la noche el hígado se regeneraba. Así vivió, o así iba muriendo vivo, hasta que Heracles lo liberó de su tormento. Dueño del don de la profecía, fue el más sabio de su estirpe. Tutor y civilizador, hábil y audaz, lúcido y lucífero: Prometeo. |  | |